
Som de l'Andorra, per Néstor Pérez
No hay éxito sin sufrimiento. Hace ya diez meses que un gran Andorra C.F. regresaba después de muchos años a la Segunda División B, un ascenso más que merecido fruto del trabajo bien hecho que devolvía a la localidad minera a una categoría que por afición, trabajo e ilusión siempre le perteneció.
Recuerdo siendo un niño como mi padre hablaba con admiración del Endesa de Andorra, tiempos de bonanza económica, de equipos plagados de futbolistas de calidad, de éxitos deportivos y, sobretodo, de pasear el fútbol aragonés con el mayor de los orgullos por toda la geografía nacional. Años de éxito que forjaron un nombre, una afición y el respeto por un club que sigue intacto a pesar del cambio de escenario con el paso de los años.
Muchos años después de escuchar a mi padre hablar de este club, de sus futbolistas y de sus entrenadores, hoy tengo el orgullo de pertenecer a su cuerpo técnico. Como decía anteriormente, las circunstancias son otras. La bonanza económica dejó paso a “valientes suicidas” que conforman una directiva capaz de obrar el milagro de los panes y los peces cada año, de cumplir con lo pactado, y de permitir que el Andorra C.F. siga siendo santo y seña del fútbol aragonés.
En el presente, el club trata de lograr una ansiada permanencia en Segunda División B. La empatía entre afición y equipo, el orgullo por defender el club y el crecimiento individual de futbolistas que han ido progresando con el paso de la temporada son el mejor aval para estas últimas cinco jornadas. Veinte futbolistas aragoneses y un andaluz (Dani Miguélez, fichado en diciembre del Poli Ejido) que son reflejo, identidad y orgullo para una cantera aragonesa que lejos de Andorra no pasa por sus mejores momentos.
Este próximo domingo primera final, ante el Hospitalet. Uno de los mejores equipos de la categoría, una apuesta por el buen fútbol y uno de los grandes favoritos en la lucha por el play off de ascenso a Segunda División. La disputa en la posesión de la pelota, necesaria en ambos equipos, y el acierto en área contraria se antojan claves en la solución de un partido que promete ser atractivo. El margen de error es pequeño pero la confianza es total, no hay éxito sin sufrimiento y en estas cinco últimas jornadas ha llegado la hora de sufrir.

Recuerdo siendo un niño como mi padre hablaba con admiración del Endesa de Andorra, tiempos de bonanza económica, de equipos plagados de futbolistas de calidad, de éxitos deportivos y, sobretodo, de pasear el fútbol aragonés con el mayor de los orgullos por toda la geografía nacional. Años de éxito que forjaron un nombre, una afición y el respeto por un club que sigue intacto a pesar del cambio de escenario con el paso de los años.
Muchos años después de escuchar a mi padre hablar de este club, de sus futbolistas y de sus entrenadores, hoy tengo el orgullo de pertenecer a su cuerpo técnico. Como decía anteriormente, las circunstancias son otras. La bonanza económica dejó paso a “valientes suicidas” que conforman una directiva capaz de obrar el milagro de los panes y los peces cada año, de cumplir con lo pactado, y de permitir que el Andorra C.F. siga siendo santo y seña del fútbol aragonés.

Este próximo domingo primera final, ante el Hospitalet. Uno de los mejores equipos de la categoría, una apuesta por el buen fútbol y uno de los grandes favoritos en la lucha por el play off de ascenso a Segunda División. La disputa en la posesión de la pelota, necesaria en ambos equipos, y el acierto en área contraria se antojan claves en la solución de un partido que promete ser atractivo. El margen de error es pequeño pero la confianza es total, no hay éxito sin sufrimiento y en estas cinco últimas jornadas ha llegado la hora de sufrir.
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